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Dólar en manos privada, campo y reservas: Dolarizar no; argendólares, sí

* Lic. Guillermo Moreno, Lic. Leandro Cárcamo Manna y Dr. Gastón Bres

Denominamos «argendólares» a la dotación física de la moneda estadounidense que poseen en su patrimonio todas las personas (humanas o jurídicas) residentes en el país. Ahora bien, ¿cuándo comenzó este proceso?

Hay consenso en la disciplina económica que, desde los años 1960, como una incipiente reacción a las tasas de inflación crecientes (que divergían de la internacional), producto de los continuos desequilibrios macroeconómicos (sector fiscal y externo), los trabajadores y los empresarios comienzan a preservar el valor del ahorro a través de la adquisición de divisas, iniciando una economía bimonetaria que perdura hasta nuestros días.

Es recurrente en las últimas décadas, pero especialmente a partir de la instalación, en nuestro país, de la actual Supercrisis, que ciertas corrientes económicas minoritarias comienzan a expresarse en torno a la «imperiosa necesidad» de dolarizar la economía.Caracterizamos como Supercrisis a la convergencia del desequilibrio fiscal de 1989 juntamente con el del sector externo de 2001, que le costó el gobierno al Dr. Alfonsín y al Dr. de la Rúa, respectivamente.

Ello implica entre otros fenómenos, el abandono del peso, como moneda de curso forzoso legal y, su reemplazo por el dólar.

La adopción de la unidad monetaria de otro país acarrea la transferencia de renta hacia el emisor ya que se pierde localmente «el principio de señoreaje», es decir: la utilidad de imprimir papel moneda cuyo costo incurrido (papel, tinta, etc.) es inferior al poder de compra y,a su vez, se generaría un préstamo sin interés a la potencia emisora de la divisa, a partir de que el Banco Central de la República Argentina ( BCRAtroque su posición activa en dólares por la pasiva en pesos. El valor nominal del billete fiduciario permite, al margen de su característica de reserva de valor (ahorro), el intercambio de la riqueza y del trabajo, ya sea en concepto de precio, salario, o como interés del capital

En este marco, es hasta obvio, que una condición de éxito necesaria para nuestro país es minimizar la transferencia de rentas a terceros Estados.

Al dolarizar, un solo ganador y no es la Argentina

Según sus defensores, la adopción del dólar como única moneda acarrearía una serie de beneficios, tales como:

  • la disminución de la prima de riesgo por devaluación;
  • la baja de la tasa de inflación promedio en el «largo plazo» tendiéndose a alinear con la mundial, por la imposibilidad de emisión monetaria y,
  • un aparente efecto positivo sobre el comercio y los flujos financieros internacionales.

Como contrapartida, las consecuencias adversas (entre otros) serían:

  • que los bancos comerciales oficiales, o aquellos privados con accionistas mayoritarios nacionales, no podrían garantizar ni respaldar los depósitos recibidos puesto que desaparece el prestamista ( BCRA) de última instancia
  • la necesidad de sostener pari passu, el aumento de la productividad del sistema económico argentino vis à vis el norteamericano, con una tasa de interés, que por el riesgo soberano será sensiblemente mayor  y,
  • la cesión del señoreaje ut supra señalado.

La sustitución del peso por el dólar forzaría a la economía argentina a incrementar constantemente la productividad total del trabajador en una proporción -como mínimo- similar al del norteamericano, caso contrario, en el mediano plazo, la producción nacional se encarecerá.

Dos monedas nuestra fortaleza

Mientras el sector público es deudor del resto del mundo, el privado es acreedor.Se puede calcular de manera confiable que el sector privado posee activos de distintos tipos por aproximadamente USD 400.000 millones. 

Si consolidáramos ambas cuentas, da un saldo positivo para el país.

Por eso, es una obligación «de la política» mancomunar ambos intereses dado que, de esta manera, la República Argentina recuperaría «grados de libertad» garantizando su autonomía decisional.

En la primera década del presente siglo resultó indistinto realizar consumos corrientes o gastos de inversión en pesos o en dólares; debido a una política económica que permitió una retribución del dinero similar entre ambas monedas. [Para generar una curva de indiferencia en la retribución al dinero “dólar o peso” es necesario que la tasa de interés real (la diferencia entre la nominal y la inflación) sean iguales.

Para que ello suceda es imperioso arribar, como condición indispensable, al equilibrio macroeconómico que brinde certeza al conjunto social.

Ese horizonte de certidumbre, combinado con el ahorro privado nacional en moneda extranjera, son la potencia latente de la economía argentina.Cuanto mayor sea la expansión de la base material de la Patria, tanto más valdrá nuestra moneda.

¡La garantía del valor del peso es la producción nacional!

De esta forma, bajo un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), con orientación a la producción, el aparente problema de nuestra economía, «ser bimonetaria» es en gran parte la solución.

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