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Un modelo de desarrollo económico (cuarta parte): cómo aumentar la competitividad

* Lic. Guillermo Moreno, junto con el Lic. Pablo Challú, el Lic. Walter Romero y el Lic. Alejandro Alvarez (h.)

En la primera entrega de la corriente saga “Un Modelo de Desarrollo Económico”, expusimos el contexto mundial en el cual se insertará. Analizamos allí con precisión, las potencialidades que ofrece el Nuevo Orden Internacional (NOI), poniendo en valor los Vectores de Competitividad (VC) con que contamos para el modelo de desarrollo económico argentino. 

En la segunda nos abocamos a explicitar la importancia de conseguir como condición necesaria, para instaurar el modelo, los Equilibrios Macroeconómicos (EM), fiscal y externo, que permitan su permanencia y sustentabilidad. Y en la tercera, abordamos lo concerniente a los VC, entendiendo que estos abarcan a la distribución de las Rentas Extraordinarias (RE) que obtienen a partir de ejercer la exclusividad de explotación de algún recurso natural”generadas a partir de la producción de algunos alimentos en la pampa húmeda y la explotación de gas y petróleo.

En este cuarto artículo nos ocuparemos en desarrollar la metodología que permitirá “incrementar la competitividad» de nuestro aparato productivo como hecho sistémico; entendiendo que la “Piedra Angular» de la propuesta es la convocatoria al “Segundo Congreso Nacional de la Productividad y el Bienestar Social (CNP)” que logrará con sus conclusiones, sostener en el tiempo al nuevo modelo de desarrollo económico.

El Primer Congreso de la Productividad y su historia

 A partir de la década de los ´50 del siglo pasado, con la recuperación de la economía europea, se comienza a observar en el aparato productivo argentino una acelerada pérdida de competitividad.

La industria británica, francesa, italiana, e incluso alemana, pretende recuperar los mercados perdidos durante la segunda guerra mundial con una agresiva política de precios de exportación a la baja, financiados en el impulso inicial por los éxitos del “Plan Marshall”.

A su vez, condiciones climáticas adversas en nuestro país, habían determinado una considerable disminución de la producción agropecuaria, generando la licuación de los saldos exportables y comprometiendo el equilibrio de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos.

En este marco y para resolver la restricción externa ut supra mencionada, el gobierno de entonces (presidía Juan D. Perón) decidió convocar al conjunto de los actores económicos a “un esfuerzo sistémico y permanente para la mejora de la competitividad”, a fin de que los bienes y servicios producidos localmente tuvieran estándares de calidad y precios de nivel internacional.  Para conseguir dicho objetivo se convocó, en octubre del ´54, al “Congreso Nacional de la Productividad y el Bienestar Social (CNP)”.

En el lapso que transcurre hasta su inauguración (marzo del ´55) el gobierno, las entidades empresarias y de trabajadores desplegaron una intensa actividad, tendiente a que los múltiples sectores de la economía, de manera concertada, encontraran las mejores propuestas que permitieran arribar al fin buscado.

Luego de profusas deliberaciones que se desarrollaron en el hemiciclo de la Cámara de Diputados del Congreso Nacional, se concluyó en un documento intitulado “Acuerdo Nacional de la Productividad».  Su implementación se vio truncada, casi al nacer, por el golpe de estado de septiembre de 1955 y la subsiguiente implementación del “Plan Prebisch”.

Una segunda oportunidad

Como ya hemos señalado en “Un modelo de Desarrollo Económico (Primera Parte)”  la revolución energética norteamericana (2003/10) con la puesta en valor de la producción de energía fósil no convencional (shale gas y oil) generó una importante disminución de los costos primos en la industria a escala global.

Así las cosas, fue que para fin del año 2012 y ante un incipiente escenario de restricción externa, que se evidenciaba en nuestro país, se decidió convocar a empresarios y dirigentes sindicales -15 representantes del quehacer empresarial e igual número de dirigentes sindicales- para proponerles que en conjunto diseñaran los mejores planes, programas y proyectos para cada rama de actividad, que permitieran un salto de competitividad en la economía argentina.

Lo primero a definir en cada ámbito específico debían ser los mercados externos de referencia, que fungirían como tea votiva de los participantes involucrados. En el “sector calzado”, los representantes empresariales y sindicales consensuarían si la argentina se especializaría en productos de lujo, en masivos o una combinación de ambos, tomando como referencia internacional el mercado brasileño e italiano. Deberían concluir si estaríamos en condiciones, y de qué manera, de alcanzar los estándares de calidad y precio de esos complejos productivos.

Posteriormente, se crearían las estructuras de financiamiento ad hoc, como así también las modificaciones de los marcos normativos necesarios para el cumplimiento de las metas.  Naturalmente, bajo estas condiciones la ganancia de productividad obtenida debería ser apropiada totalmente por el factor trabajo, ya que en su defecto, se incrementaría el quantum de la plusvalía relativa atentando contra el equilibrado funcionamiento del entramado productivo.

Las circunstancias políticas de la época no permitieron avanzar en su implementación.

Ahora bien, dado el desenlace de la supercrisis vigente, que está en ciernes, la posibilidad de volver a realizar esta convocatoria se materializa como el ámbito propicio para inaugurar un nuevo ciclo económico, que tenga a la producción y el trabajo como sus vectores ordenadores.

Lo proponemos confiados en la afirmación que realiza Francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium en cuanto nos señala que siempre “la unidad prevalece sobre el conflicto”. Solo la mancomunión entre los trabajadores, empresarios y gobiernos (nacionales y distritales) sentará las bases para la construcción del Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) orientado a la producción.

One thought on “Un modelo de desarrollo económico (cuarta parte): cómo aumentar la competitividad

  1. Un amigo pone el ejemplo del puente de Brooklin. Cobraron un peaje ínfimo los primeros años, hasta 1811. Manhattan seguía siendo una isla marginal. Para que se desarrollara, tuvieron que invertir, o vender, los terratenientes. Sacaron el peaje y aumentaron el inmobiliario.
    Los Estados mejicanos que pasaron a integrar USA (fenómeno mal conocido como «guerra USA-México», que nunca existió) es más contundente: Los terratenientes cobraban alquiler por la tierra y no pagaban inmobiliario. Los campesinos aceptaron la oferta de los muy eficientes vecinos del Norte, que hasta ferrocarril ofrecían por una módica suma… en concepto de Impuesto Inmobiliario. Un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) orientado a la producción, no puede basarse en impuestos a la producción, porque la termina aplastando. La coincidencia con Artana (en TV) lo certifica.

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